pandemonium invierno Pandemonium

miércoles, marzo 14, 2012

Cosas de la perspectiva


Mañana, en el ocaso, mira al oeste... sí, la puesta de sol.
Y luego, espera un poquito... :
Saldrán dos luceros, uno brillante, brillante
y otro más tímido.


El deslumbrante es la guapísima Venus y el timidillo, el valiente Júpiter. Los dos juegan a encontrarse en el firmamento... y -cosas de la perspectiva- casi lo consiguen: llegan practicamente a rozarse los dedos... para volver a alejarse de nuevo.
Es lo que pasa al "tener la órbita prediseñada".

Pero... ¿y si Júpiter, cansado de tanta luna revoloteando a su alrededor, se decide a dar el salto hacia su Venus ? ¿y si Venus, hasta el gorro de alumbrar amaneceres, huye de repente hacia la noche hasta zambullirse casi literalmente en su Júpiter?

El Sol se pondría rojo de envidia y empezaría a escupir improperios que destrozarían el campo magnético de todo lo que encontraran a su paso. La Tierra, habitualmente serena y tranquila, no soportaría quedarse sin su lucero o dejar de soñar con las lunas habitables del mundo de hidrógeno y helio...

Así que... mejor guardan silencio y siguen su órbita de milenios, soñando de nuevo...

La próxima pego el salto, cielito.
Sí cariño, la próxima yo te sujeto...


Júpiter, Venus... Mira por la ventana... ¡Ay... esos dos luceros!

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sábado, enero 21, 2012

Annabel Lee




Como cada amanecer, desde hacía 50 años, se colocó su blanca bufanda, su abrigo negro y el sombrero de ala ancha. Se miró una vez más al espejo.

Sabía que su disfraz era perfecto:
Hacía tiempo que se había despojado de su larga melena rubia. Al principio, cuando se peinaba, podía rememorar -incluso notar- las diestras manos de su amado deslizándose una y otra vez sobre su cabello recién cepillado. ¡Echaba tanto de menos esas caricias!. Pero poco a poco, con cada pasada del peine, sentía que aquella mano que recordaba hacía mucho que no la mimaba y eso le había hecho daño. Hasta que se cortó el pelo.

La bufanda. Nadie lo sabría nunca, pero esa bufanda blanca es lo único que encontró al lado de la carta en la que él le decía que se reuniría con ella en el lugar donde había sido enterrado. Y, la verdad, es que le encantaba su tacto suave y su color inmaculado que brillaba a la luz de la luna.

El sombrero era indispensable si quería ocultar su cara. No es que fuera necesario esconderse, pero siempre había preferido la ambigüedad y la tranquilidad que da el anonimato. Sobre todo cuando una se dispone a visitar una tumba a las 5 de la mañana.

La naturaleza por su parte, le había regalado un cuerpo de anchos hombros y sus formas se ocultaban fácilmente bajo el grueso abrigo, necesario por otra parte en las frías noches de invierno de Maryland.

Así que cogió las rosas, recorrió la distancia que separaba el pequeño piso del cementerio y se fue a su cita. No le molestaba que la gente hablara de su rito anual, incluso le gustaba que muchos pensaran que una de las flores era en honor al propio Allan Poe, otra a Virginia y otra para su madre.
Aunque, en realidad, las rosas eran para Allan, todas. Simplemente 3 rosas porque le amaba, porque le esperaba y porque confiaba en que cumpliera su promesa. Los ángeles del cielo y los demonios del mar se habían esforzado en vano. Volverían a estar juntos...y lo celebrarían brindando con coñac mientras se volvían a abrazar.
Dejaría entonces crecer de nuevo su pelo, para que él pudiera volver a acariciarlo.

Annabel Lee nunca recordaba cómo llegaba a ese piso de Baltimore, tampoco su edad. Ni porqué, siempre que se despertaba, el reloj del aparcamiento marcaba el día 19 de enero.

Hoy, cincuenta y un años después de acudir religiosamente a su cita, él cogería por fin sus rosas, tomaría un trago de coñac y se fundirían en un abrazo desapareciendo entre la niebla para siempre.
Los curiosos que se empezaban a arremolinar en la zona ya no encontrarían tres rosas y una botella de coñac a medias en su tumba. Nunca más, que diría el cuervo.






PD: La última vez que la tumba del poeta despertó adornada con tres rosas y una botella de coñac a medias fue el 19 de enero de 2009, año en el que se celebraba el 200 cumpleaños de Edgar Allan Poe.

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viernes, diciembre 23, 2011

Tipp tipp tapp...




Recuerdo haber oído el carro de Thor dirigiéndose a la Tierra de los gigantes. Tanngrisnir y Tanngnjóstr, sus mágicos machos cabríos, tiraban con resolución de su preciada carga.
El dios sabía que, con ellos, siempre llegaría a su destino a pesar del frío, de lo corto de los días o de la escasez de alimento. Porque ellos -y su famoso martillo- eran su secreto: cuando las provisiones empezaban a desaparecer, podía cocinarlos y alimentarse con ellos en la noche. Luego, después de un sueño reparador, los cubría de nuevo con su piel y, con el poder de su martillo, hacía que volvieran a la vida sin ningún rasguño. Esto era de vital importancia en los viajes de invierno, cuando las despensas empiezan a necesitar que vuelva la fertilidad a los campos. Justo en la época de las fiestas de Yule, en torno al solsticio de invierno... Mmmm... el tiempo de Yule, el tiempo de Jul en sueco...el tiempo de Navidad.

Pero también recuerdo que muchos temían la furia de Thor...y, tal vez por eso, ver la silueta del vehículo arrastrado por los machos cabríos, empezó a hacer volar la imaginación. Y las cabras se transformaron en unos seres homínidos con cuernos de cabra y cabeza de piel que infundían miedo...tanto, que si uno se acercaba a una casa, los habitantes de la misma debían entregarle un regalo ¿dulces de navidad? para que se calmara y se fuera a otra.
En fín, que si la memoria no me falla, así nació Joulupukki en finés, julbocken en sueco...si, "la cabra de navidad"...

Pero a base de golosinas y de galletitas de gengibre, la cabra fue domesticada y se hizo buena. Tan buena que recibió el encargo de repartir los regalos de navidad en los hogares escandinavos.







Y lo hacía muy bien, pero con el tiempo conoció a cada uno de esos duendecillos (tomte) que vivían en los sótanos de las casas suecas. A ellos les encantaba montarse en su lomo y cabalgar por el jardín mientras repartían los regalos. ¡Qué tiempos aquellos, cuando se oía el corretear de los duendecillos (tomterna) a media noche...
tipp, tapp, tipp, tapp,
tippe-tippe-tipp-tapp, tipp, tipp, tapp
http://www.youtube.com/watch?v=NZYARdjumZ4&feature=related

Al final, la tradición del jultomte se mezcló con el resto de hombrecillos de aspecto bonachón que reparten los regalos por el mundo, se adoptó un tomte vestido de rojo y blanco con un saco inmenso y la cabra se quedó relegada a ser solo un símbolo de la navidad.

¡¡¡Ains!!! que los siglos no pasan en balde y esto solo son recuerdos. Tal vez, con la edad estoy mezclando historias... :-)
...En fin, que lo que quería deciros sin cabra, sin tomte, sin papá noel... sin mensajeros, es
Que os deseo a todos una muy, muy feliz navidad.
Que vuestro mensajero particular os traiga como regalo ese sueño escondido que no se cumplió en el 2011 ;-)
...Y, de mi parte...un beso suave suave, tan suave como los pasitos pequeñitos de los tomtes al caminar...
tipp tipp tapp...



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domingo, octubre 30, 2011

Tu regalo. Viaje a los Jardines de Lórien



En la próxima luna nueva, se espera una gran tormenta solar que producirá brillantes auroras boreales en todo el círculo en que son visibles.
Probablemente aquí no se vea, en parte por las nubes, en parte porque estamos demasiado al sur. Pero no te preocupes, la perturbación magnética será suficientemente fuerte para abrir una vez más la puerta hacia Arda.

Estate atento a las señales más sutiles: tal vez el ordenador vaya más lento que de costumbre, o se corte la luz o, puede que se cuelgue el móvil. Algunas personas a tu alrededor estarán más nerviosas e irascibles.
Será la señal de que todo está empezando.

Vístete con la ropa que usarías en la edad media, descarta hebillas, adornos, relojes, móviles y ponte tus botas.
Prepárate para sentir la humedad en tus pies durante casi todo el trayecto.

Coge un libro más o menos grueso y fórralo con papel de estraza. No uses celo, sino lacre, para sellar los pliegues. Rodea el libro con diecinueve vueltas de hilo de seda y fíjalas con el mismo lacre.
También busca un imán natural, colócate una mochila pequeña y dirígete al punto más alto del área en la que habitas.

Allí, levanta el imán al cielo y espera unos minutos. Poco a poco, en una zona muy cerca de tu mano, el aire se volverá viscoso, parecerá casi agua y tu imán provocará olas concéntricas que se perderán en el horizonte.
Despacio, muy despacio, ve bajando la mano y agachándote, sin perder las olas.
En el momento que la mano esté a la altura de tus rodillas, salta y agarra fuertemente el libro que tienes en la otra (es tu salvoconducto para entrar en la nave élfica. No se te puede caer). Si eres de los que se marean, mejor cierra los ojos...acabas de atravesar la puerta de acceso al puente entre dos mundos y la sensación es similar a la que se siente en una atracción de esas que no dejan de dar vueltas.

No te asustes. Poco a poco, todo se estabilizará de nuevo y te verás deslizándote a gran velocidad por un túnel tan liviano y fluido como la puerta que abriste. Verás pasar rápidamente a tu alrededor infinidad de luces y objetos que apenas reconocerás y en unos 3-4 minutos llegarás al final con mejor o peor fortuna (te consejo que adoptes la posición fetal, por si te haces daño al aterrizar...siempre pasa la primera vez ;-) y, desde el fin de la Comunidad del Anillo, nadie se ha preocupado por intentar suavizar el golpe).

Cuando llegues, ármate de paciencia. Eres un explorador único, pero el ritmo en Sorontil es pausado. Son el último control en Arda antes de llegar a Amán y tienen que ser meticulosos con los viajeros (todavía hay muchas criaturas con oscuras intenciones que siguen intentando encontrar la nueva ubicación de Amán).
Así que, relájate, observa a tu al rededor. No verás a más miembros de la especie humana (otro día te lo cuento, pero hace tiempo nos revocaron el permiso general para viajar a Amán). Pero no te preocupes, el procedimiento será el mismo que para el resto de los pasajeros ya sean elfos o enanos: espera a que uno de los seres que llevan colgante azul se dirija a ti. Entonces, enséñale el libro y háblale de mí -de la aurora- y de los sueños. Esa será la última vez que hables de la forma en que lo hacen los humanos. A partir de ahora, no necesitarás articular palabras para que tus deseos y tu curiosidad sean saciados si son aceptados.

Acércate al borde y contempla el mar. Se llama Belegaer y tú estás en la burbuja de Sorontil, una proyección de las montañas del mismo nombre en la desaparecida isla de Númenor.
Cuentan que después del hundimiento de la isla, y de que Eru separara Amán de Arda, se estableció la ruta del Camino Recto como única forma de llegar a las Tierras Imperecederas desde la Tierra Media. Al principio, el trayecto no tenía paradas y se desembarcaba directamente en la bahía de Eldamar tras largos días de crucero en los que no pocas veces se agotaban las provisiones. Los enanos, sobre todo, espaciaban cada vez más sus visitas y los Valar temieron perder el contacto con el resto de las criaturas que poblaban el mundo, así que crearon esta parada en honor a los humanos de Númenor que no participaron en la traición.

Dentro de unas horas saldrá tu nave. El tejido que une Amán con Arda será otra experiencia que recordarás: es casi como el que te trajo aquí, una especie de fluido cristalino casi tan etéreo como el aire. Me da pena que no hayas podido traer tu cámara, pero las reglas de la Nueva Edad lo prohiben.

La travesía solo durará unas horas. Te incluirán en un grupo y te asignarán un guía que te acompañará todo el trayecto. Tal vez puedas empezar a familiarizarte con las costumbres y entablar relación con alguno de tus compañeros. Te aconsejaría que lo intentaras primero con el grupo élfico que conoce mucho mejor las historias de la zona. Son más introvertidos y se necesita más tiempo para romper el hielo. Los enanos son más ruidosos y están casi siempre ocupados en satisfacer su voraz apetito. Son divertidos y espontáneos, te contarán mil historias sin que te esfuerces demasiado en caminar a su lado.

La nave amerizará en las aguas de la bahía de Eldamar, donde os recogerá una embarcación élfica que os llevará a la costa.

Respira hondo, muy hondo. Estás en la Tierra de los Valar y, simplemente inhalar ese aire, hará que te sientas relajado y totalmente descansado a pesar del viaje. En el cielo de Amán apenas hay nubes y la luz de la estrella que lo alumbra es más cálida y brillante que la de nuestro sol. El mar te sorprenderá con miles de matices entre un verde esmeralda intenso y el azul más profundo de las simas oceánicas. La espuma delicada de la cresta de sus olas te acariciará la cara mientras te acercas a tierra y todo el miedo que hayas experimentado ante la nueva aventura se esfumará dejando solo una sensación de paz en tu pecho. Respira hondo...

La costa es increíble (me gustaría ver tus ojos al mirarla :-) ). Las escarpadas cumbres de las Pelori se apelotonan al sur muy cerca de la orilla, formando acantilados infinitos mientras que en el norte se adentran hacia el interior dejando que las fértiles tierras de la costa se vistan con la exuberancia de una selva tropical hasta llegar a la arena dorada que se adentra mansamente en la playa.

Tu grupo seguirá por el paso de la Luz, llamado así por ser el primer lugar en que se divisaba, al norte, la luz de los dos árboles de Valinor antes de que fueran envenenados por Melkor. Ahora, los Valar han levantado en su recuerdo dos monolitos con piedras extraídas durante el ensanche del paso Cirith Ungol (la grieta de la araña). En sus paredes están escritos los detalles históricos más interesantes de las primeras edades de Arda. En tu próximo periplo, tal vez, te lleve allí :-) .

Pero esta vez, tu grupo no se detendrá y seguiréis hasta la ciudad de Eldamar. Allí os espera otra muestra de la hospitalidad élfica. Te alojarán en una de sus casas colgantes con vistas a las cascadas donde nace uno de los arroyos que desembocan en Lórellin. La casita está sencillamente amueblada, sin grandes ostentaciones, pero es cómoda y acogedora. Su colchón de plumas sobre la fría piedra hará que el aire fresco que se cuela por la ventana no toque tus huesos. Por la mañana, tendrás que ducharte en el chorro que tienes más a tu izquierda. Los elfos nunca han querido domesticar el agua y realizan sus tareas de higiene en los múltiples saltos naturales que hacen sus riachuelos. Seguro que imaginas que el agua no está muy caliente, pero entrarás en calor enseguida con la ropa que te habrán dejado preparada en tu alcoba. Siento que, tal vez, consideres que el alojamiento es un poco sencillo, y que contaras con las comodidades de las expediciones en la Tierra, pero estoy segura de que, cuando sientas el masaje del agua golpeando con vigor tu espalda, soñarás con esas manos cada mañana y cambiarás las estrellas de los hoteles por las de los cielos élficos.

Os habrán preparado una cena de bienvenida, no muy elaborada ni abundante -como les gusta a ellos-, pero tan bella en colores como exquisita en sabores. Con el cielo plagado de luceros como techo, beberás vinos de frutas que nunca has probado y te dejarás arrullar por la melodía festiva de una música de gaitas que lo invadirá todo. Será el mejor momento para estrechar lazos con los que están a tu lado. Seguro que a estas alturas ya conoces a todos tus compañeros de fatigas: ese elfo filósofo que busca algo nuevo para despertar a su villa, la elfa pescadora que viene cada 7 años en busca de los raros salmones que desovan en las frías aguas del Nienna, o el enano herrero que viene a perfeccionar el ritual de purificación en la forja. Cada uno te contará mil historias y yo no quiero estropeártelo todo revelándote demasiados datos.

Por la mañana y, tras el ritual del baño, encontrarás un desayuno hidratante y energético. Confía en ellos. Saben exactamente lo que es recomendable para la dura jornada a pie que os espera.

Porque al sur de Eldamar solo se puede llegar caminando. Los residentes se mueven a veces con caballos tan rápidos como Sombragrís o con naves élficas difíciles de ver para ojos no acostumbrados. Pero los visitantes han de hacer el viaje a pie. Es un requisito que deben cumplir todos los forasteros: durante la marcha se habla poco y te dará tiempo a despojarte de casi todo eso que trajiste sin querer.

La senda es, durante casi todo el recorrido, bastante fácil ya que caminarás por el valle siguiendo el curso del Nienna hasta su desembocadura en el lago Lórellin. Pero, a veces, cruzarás alguna zona pantanosa que pondrá a prueba tus gastadas botas y tu tolerancia a las picaduras de los mosquitos. Otras, casi flotarás por praderas que simulan césped recién cortado donde las mariposas revolotean a tu alrededor sin cesar y los corzos pastan sin asustarse a tu lado. Muchos tramos tendrás que vadear algún río, saltar las rocas y probablemente, en las estribaciones de las colinas de Mandos, querrás volver a tu refugio de Eldamar a refrescar tus piernas y tobillos que mostrarán finos arañazos y estrechas heridas superficiales producidas por los espinos que pueblan toda esa comarca.
Tu guía te verá y te hablará. Te dará una bebida muy dulce y te hará volver a soñar.

Cuando ya reconfortado vuelvas a levantar la vista hacia el horizonte, habrás entrado en los Jardines de Lórien: verás a lo lejos un lago y en el centro, el palacio de la Isla del Éste, donde te espera Estë, la curadora, para darte a beber de las aguas de Quenya. Nadie está autorizado a revelar muchos datos sobre este lugar. Lo que pase en la isla es algo que tendrás que mantener en secreto, entre la niebla de los bosques. Es un pacto que firmarás con Estë antes de coger la barcaza que os llevará hasta el palacio ;-) .

El viaje de regreso será más fácil y lleno de nostalgia pero...mejor no te cuento más :-) .

Tal vez, si hay suerte, me veas fugazmente en alguna de las noches de la aventura. O al final, cuando me encuentres esperándote en Sorontil, para volver a abrirte el portón que te llevará de regreso a casa.

PD: Y no te preocupes por los tuyos: al atravesar el paso, entraste en un lugar donde distorsiones espacio-tiempo y dimensiones infinitas son posibles. Tus seres queridos en la Tierra solo notarán, a la vuelta, un cambio sutil en tu mirada, una sonrisa mal disimulada y que te has ausentado el tiempo que tardes en llegar al emplazamiento de la puerta en tu mundo.

Mi querido amigo, solo espero que hayas descansado. Que en "el paseo" se haya quedado todo eso que, poco a poco, se coló en tu mochila sin haberlo deseado y que tanto pesaba al final sobre tus hombros.
Espero que hayas podido dormir al fin y también verte de nuevo feliz y relajado.

Y que vuelvas algún día :-) .
Espero llevarte al norte y contarte la historia de los dos árboles; o...tal vez, por los caminos orientales, esquivando los lugares anteriormente habitados por la araña oscura...

Espero, sobre todo, que hayas soñado :-)

Canto de Andar (camiños da fin da terra)

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miércoles, octubre 26, 2011

Nana para un hombre cansado que no quiere dormir


Si me dices que no llueve, te creeré
aunque me ponga triste al ver cómo te alejas
sintiendo la humedad colarse hasta tus huesos.

Si aseguras que ya has dormido, te hablaré
aunque vea tus sentidos perderse tras los sueños
y sienta que mis dedos no llegan ni a rozarlos.

Pero...déjame al menos regalarte algo:
te llevaré a los Jardines de Lórien.

Esperaré a que vuelvas a sentir que llueve
Desearé ver tus ojos mirar de nuevo.

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lunes, mayo 16, 2011

Personitas...



Algunas cobrizas, otras rosaditas, muchas anaranjadas o morenitas...
Las más bonitas con pelo rizado como la cresta de las olas, o lisito y tupido como las hierbas que se mecen a orillas de un lago.

A veces son altas como espigas que se zarandean al soplar el viento; o fuertes como un olivo, que sin embargo y, a pesar de corpulencia, es coqueto al ocultar su edad e incluso sabe ser generoso sin mirar con quien...

Y hablando de esas cosas de dentro, de personas generosas...las hay que lo son mucho y lo dan todo, y otras que lo intentan aunque tengan poco.
Las hay sencillas y tiernas, honestas y sinceras, brillantes, mágicas, opacas, cálidas, heladas...

Y ¿quien sabe? quizá porque somos tantas, me empeño en reducirnos...y nos agrupo continuamente con uno solo de nuestros rasgos sabiendo que parto de una percepción tal vez equivocada.

Tengo claro que todos los rubios no tienen piel rosada ni los ojos como el mar. Ni todos los fuertes son generosos, ni todos los que se mueven con el viento son débiles como espigas...

Pero así soy a veces.

Defiendo la veracidad de lo que veo sabiendo a ciencia cierta que mis ojos se inventan las líneas, los colores...y que los límites de mis grupos se diluyen cada vez que conozco un poco más a un nuevo miembro de uno de ellos....

Y después, observo la sombra de los pies de la bailarina y descubro que también podía bailar en el otro sentido...


viernes, abril 29, 2011

Hay días...así :-/




Porque hay días que se necesita una cama como ésta:
http://www.youtube.com/watch?v=-lWyKm6dqCk&feature=related


Días como hoy... :-(
Y buenos días, como mañana, que va a ser de estos:
http://www.youtube.com/watch?v=y0lRHMT2_5Q&feature=related


¡¡¡Feliz fin de semana :-) !!!
PANDE MUSICAL